En 2019, Camila Restrepo y Diego Muñoz trabajaban como científicos de datos en una multinacional de consumo masivo. Cada trimestre veían cómo los modelos que construían se quedaban en presentaciones de PowerPoint porque nadie sabía integrarlos en los procesos del día a día. Esa frustración los llevó a fundar Ai Prosper Hub con una idea clara: los modelos solo sirven si alguien los usa.
El primer cliente fue una distribuidora de alimentos en el Valle del Cauca que perdía entre el 8 % y el 12 % de su inventario perecedero por errores en la planificación de pedidos. Construimos un modelo de demanda que se alimentaba de datos de ventas, clima y calendario festivo. En cuatro meses, las pérdidas bajaron al 3,4 %.
Ese caso nos enseñó algo que seguimos aplicando hoy: el valor de la IA no está en el algoritmo, sino en cómo se conecta con las personas que toman decisiones a las 6 de la mañana en una bodega.